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Llegué a 20k creyendo en pseudo-ciencias

Llegué a 20k creyendo en pseudo-ciencias

Un relato sobre ansiedad, salud mental y espiritualidad tóxica, y cómo encontré bienestar integrando yoga, mindfulness y evidencia científica.

Gerardo Treviño
5 min read

Era pandemia. Convivía por Zoom, hacía los desafíos de Chloe Ting, me enfocaba en mi salud. La ola del wellness nos acechaba a todos. 

Lore me invitó a hacer mi primera clase de Yoga, nos conectamos a un mismo Zoom y me compartió pantalla. Recuerdo vívidamente sentir mi cuerpo resbaladizo, jamás había sudado tanto. En la pantalla estaba Ana Marce, guiándonos a través de las posturas con gran facilidad, como siempre. 

Para 2022 ya me había graduado de mi primer certificado como maestro de Yoga, con Ana Marce. Me lo tomé más en serio y comencé a publicar contenido en TikTok, que apenas se popularizaba, hablando sobre Yoga, los chakras y de pronto traje la astrología a la conversación. Recuerdo cuando Dany me enseñó sobre astrología por primera vez. Descubrí que era Piscis, con Luna en Acuario y ascendente en Géminis. 

Los likes y views se disparaban, y yo confiaba en que lo que estaba enseñando era casi la verdad absoluta. Creía que ese era el camino. 

Muy pronto incorporé las lecturas de tarot y oráculo a mi contenido, pues considerando el algoritmo de TikTok, era cuestión de tiempo. 

Pausé Gerastros porque algo no se sentía bien. Me di cuenta de que había cambiado, mi estilo de vida era distinto. Aparentaba ser un monje iluminado, viviendo en la cima de una montaña. Pero seguía en la ciudad, viviendo en un encierro auto-impuesto que ya no era ordenado por el Estado. 

Mis pensamientos se tornaron obsesivos, cosa que también era cuestión de tiempo, pues desde niño había sufrido de ansiedad no-diagnosticada. Recuerdo que en medio de un retiro de Yoga me dio un ataque de pánico al escuchar a mis amigas hablar sobre un curandero espiritual que abusaba de la vulnerabilidad de sus pacientes y los terminaba hiriendo. Me dio un ataque de pánico, aún viviendo el estilo de vida más zen. Aún en un retiro de Yoga en medio de la jungla yucateca. Así que me preguntaba, ¿si yo no he sanado, qué hago compartiéndole mi sabiduría a la gente?

Aunque dejé de postear, nunca dejé de creer ciegamente en los principios del Yoga como máximo dogma, en la astrología y en los mensajes que interpretaba del tarot. Y no se en qué momento entró la numerología a la película, pero sí, hasta los números interpretaba. 

Entonces llegaban los prejuicios, el pensamiento mágico y los sesgos cognitivos. Del Yoga, había aprendido que todo lo que te pasa es porque tú lo has hecho antes. Que todo es un espejo. Vivía con el terror de no pelear, no hablar negativamente, no decir mentiras (ni blancas), no faltar al respeto, no burlarme de nadie, etc. Verán por qué se me dificultaba convivir con otras personas, especialmente en una ciudad donde el chisme es ley. De la astrología, como buen Piscis, mi enemigo mortal era el Leo, hasta sobre analizaba interacciones negativas del pasado con gente de este signo. Los debía evitar a toda costa. Del tarot, cada TikTok que predicaba mi suerte de la semana era clave. Los mensajes, los signos, los horóscopos controlaban mi humor del día. Me señalaban lo que debía o no hacer, con quienes debía o no juntarme. 

Llegué a 20k en TikTok, pero dejé de vivir. Perdí mi capacidad para tomar decisiones por mi mismo y me guiaba ciegamente por las señales, signos y predicciones. 

Por más que intentaba no podía deshacerme de estas creencias, de esta espiritualidad tóxica. Hasta que por fin lo logré. Pero lo logré a través del enojo. 

Me sentía traicionado por la espiritualidad, por Dios, por las creadoras de contenido, por mi propio círculo, por las señales, los sistemas de creencias, por el humano mismo. 

En 2024 comencé mi maestría en Londres. Aquí viví la peor disociación, los peores ataques de ansiedad y la depresión más pesada que había experimentado jamás. Se me caía el mundo. Me di cuenta de que nunca me había deshecho de estos sesgos, de estos signos, de estas creencias tóxicas, intrusivas y obsesivas. 

Era tanta la ansiedad, que lo único que logró calmarme verdaderamente fue volver a la Yoga, inscribirme a un curso de meditación y un diario de gratitud que me regaló mi papá. (Y claro que me mediqué, esto también fue parte del proceso, y lo sigue siendo). 

En mi mente sentía como si hubiera perdido la batalla. Pensaba: volví a caer en lo mismo. A mi sorpresa, ese pensamiento era incorrecto. ¿Cómo podía volver a caer en lo mismo sabiendo mi historia, sabiendo mis miedos, recordando por lo que viví? 

Así que cada que hacía meditación, cada que agradecía por amanecer vivo en mi pequeño journal, cada que iba a mi clase de Yoga, me enfocaba en la ciencia. Leía la evidencia, concreta, peer-reviewed, observada y experimentada con iteraciones, con cálculos. Estas prácticas me calmaban porque sí tenían beneficios, comprobables, con evidencia científica. 

Logré extraer la ciencia de la magia, y así alcancé la integración.

En retrospectiva, el enojo y la queja me empujó a un extremo opuesto, a repudiar la espiritualidad, la pseudo-ciencia, lo no-comprobado. Pero bajo este semáforo emocional jamás iba a lograr hacer las paces con el pasado.

La integración vino reconociendo los efectos terapéuticos, científicamente comprobados, que tienen algunas de estas prácticas como el mindfulness, la meditación, el Yoga, la gratitud y hasta el reiki y ASMR, que igual llegué a contrariar.

Pero eso sí, reconocí que la astrología y que el tarot ya no formarían parte de me juicio lógico ni disminuirían mi capacidad para tomar decisiones racionales. Serían solo un entretenimiento desde la consciencia plena de que nada está escrito en piedra, mi humor no depende de estas conexiones y nadie ni nada puede predecir el futuro ni dictar mi capacidad para enfrentar un desafío. Más que yo mismo.

El camino para resignificar Gerastros ha sido difícil, y no ha llegado sin desafíos. Pero ahora que creo fielmente estar del otro lado, es decir, del lado de la integración, me atrevo a compartir mi sabiduría desde un lugar de compasión y empatía. Sabiendo lo que yo viví, me habría encantado tener esto. 

Ni yo ni nadie tiene la verdad absoluta, pero espero que a través de mi experiencia y de mis creaciones pueda iluminarte si estás perdido o perdida en este proceso espiritual y mental. Espero que estas herramientas te sean útiles como lo fueron para mí y que te ayuden a tomar decisiones que te apasionan, que te recargan y que verdaderamente se sienten bien. Desde un lugar de calma, de razón, de serenidad. Desde la tierra. 

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